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La innovación en el derecho es una realidad. Ya existen herramientas digitales que realizan tareas legales. Sin embargo, es muy difícil imaginar una tecnología capaz de reemplazar a los abogados. 

Por el contrario, la tecnología es capaz de potenciar las habilidades analíticas y de interrelación de los abogados para que puedan transformarse en mejores profesionales. 

Los robots no pueden ser abogados

La principal razón por la que la tecnología no puede reemplazar a los abogados es que la  práctica de la abogacía requiere un conjunto complejo de interacciones entre los seres humanos. La inteligencia artificial y el aprendizaje automático aún no pueden imitar estas interacciones de persona a persona. 

Si bien la tecnología puede automatizar muchas tareas que realizan los abogados, no automatizará a los abogados.

“Hay una idea popular de que si puedes automatizar una parte de un trabajo, el resto de ese trabajo es tarea sencilla”, indica Frank Levy, economista laboral del Massachusetts Institute of Technology. “Eso no es verdad”. Junto a Dana Remus, profesora de la Escuela de Leyes de la Universidad de Carolina del Norte, estudiaron el riesgo de automatización del trabajo de abogados.

«La tecnología ha afectado las interacciones de los abogados de manera que permiten la automatización de algunas de estas tareas», escriben Remus y Levy. «Sin embargo, la gran mayoría de las interacciones personales de un abogado siguen requiriendo espontaneidad, comunicación no estructurada e inteligencia emocional». 

El objetivo de la tecnología no es reemplazar a los abogados

La tecnología legal avanzada no está desplazando a los abogados. Sin embargo, está cambiando la forma en que se practica la profesión legal.

Remus y Levy argumentan que la mejor forma de aprovechar la tecnología legal es comprender las formas en que las computadoras realizan diversas tareas de abogacía de manera diferente a los humanos. 

Las tareas repetitivas y de menor valor, que tradicionalmente realizan los seres humanos, pueden ser automatizadas por la tecnología. Para los abogados, adquirir habilidades para el mundo digital puede significar poder destinar su tiempo a tareas que le agreguen valor tanto a su práctica como a sus clientes. 

El trabajo monótono y que consume demasiado tiempo puede pasar a plataformas de inteligencia artificial. Como afirma Levine, especialista en derecho e inteligencia artificial, “la tecnología hará los trabajos que hemos estado haciendo, pero los hará mucho mejor. Y los que no podemos hacer en absoluto. Hará trabajos que nunca imaginamos que ni siquiera necesitábamos hacer.”

Las máquinas tienen la ventaja de aumentar la precisión y eliminar errores. A su vez los humanos tienen el rol irreemplazable de interpretar datos, brindar asesoramiento y liderar las interacciones interpersonales. Esto brinda oportunidades sin precedentes para los abogados.

Más trabajo para los humanos

El Foro Económico Mundial estima que la revolución tecnológica creará 97 millones de nuevos empleos para 2025. 

Como indica Jerry Levine, “la IA es simplemente un componente de un sistema mucho más grande, que debe ser creado, implementado y operado por humanos en primer lugar.”

“Avanzamos inexorablemente hacia la conexión de todos los seres humanos y todas las máquinas en una matriz global”, explica Kevin Kelly en su libro Lo inevitable: entender las 12 fuerzas tecnológicas que darán forma a nuestro futuro

“Esta matriz no es un artefacto, sino un proceso. Nuestra nueva ‘superred’ es una ola permanente de cambio que constantemente derrama nuevos arreglos de nuestras necesidades y deseos».

Ventajas de la automatización en el derecho

El beneficio real de los avances tecnológicos no es automatizar a los trabajadores para eliminar sus puestos. El verdadero valor de la tecnología legal no es reemplazar a los abogados sino mejorar las habilidades de los abogados. Al mismo tiempo, les libera tiempo para realizar tareas más importantes.

Brian Cantwell Smith, investigador de la ciencia cognitiva, explica cómo se pueden aprovechar las herramientas de inteligencia artificial. Afirma que se deben utilizar para «las tareas administrativas en las que se destacan -como analizar miles de millones de datos-, y no para las que van más allá de su capacidad».

Los abogados pueden usar la tecnología legal como una herramienta para mejorar la eficiencia y reducir las tareas manuales. Cuando los abogados se vuelven más funcionales, pueden dedicar más tiempo a sus clientes. También aumentan el tiempo dedicado al trabajo facturable.

En palabras de María Paula Renella y Gabriela Marsiglia, directoras de la Diplomatura en Derecho 4.0 de la Universidad Austral: “Es hora de incorporar la informática a pleno, con sensibilidad jurídica, para que las decisiones legales sean más eficientes y rápidas, analizadas con mayor finura.”

Humanizar el derecho

“Los clientes rara vez se quejan de la calidad del trabajo legal o del nivel de conocimiento de los abogados que los asesoran. Sin embargo, con frecuencia expresan preocupación por la mecánica de la relación de trabajo entre el cliente y la empresa”, indica Richard Susskind en su libro El Abogado del Mañana. 

La tecnología ayuda a humanizar el trabajo legal. Cambia la naturaleza de las interacciones entre personas y máquinas, aumentando la productividad, la eficacia y el bienestar. Permite a los abogados realizar funciones legales creativas y estratégicas. Justamente aquellas que los vuelven más «humanos» en sus roles. 

El Consejo General de Abogacía Española describe algunas ventajas de usar tecnología sin perder el factor humano: 

  • Más calidad en el trabajo del profesional. Se accede a información más profunda y calificada del cliente. Esto permite definir mejor los objetivos y actuar con mayor precisión y celeridad.
  • Mayor satisfacción del cliente. Mayor confianza en la relación. Mayor probabilidad de conseguir resultados. 
  • Más recomendaciones. El cliente satisfecho se convierte en el mejor prescriptor del abogado.

Abogados más eficientes

El abogado que integra habilidad humanas y tecnología es más preciso y efectivo en su trabajo. De esta forma sirve mejor a su cliente, a la justicia y a la sociedad en general. En consecuencia, potencia su negocio y rentabilidad.

Los abogados que sean capaces de aprovechar las nuevas tecnologías, y sepan adaptarse, no desaparecerán. Además, en el entrenamiento y la implementación de los nuevos procesos tecnológicos es necesaria la intervención humana. Como afirman Renella y Marsiglia: “las herramientas de inteligencia artificial no reemplazan a la abogacía, facilitan volver a pensar el Derecho en la Era del Cambio”.